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viernes, 13 de octubre de 2017

Análisis: Ruiner #Nivel Oculto


Análisis: Ruiner

Ruiner

Ruiner

Crítica

Ruiner

¿Habéis imaginado alguna vez que pudiera hackearse un cerebro? Desde luego es la premisa perfecta para una historia de ciencia ficción. De hecho, quién sabe si en los años venideros esto será posible. Atendiendo a los últimos avances tecnológicos y al deseo irrefrenable del ser humano por alcanzar la inmortalidad, la hibridación con las máquinas parece un camino que acabaremos tomando.

Pero ello puede acarrear consecuencias desastrosas, y si no, que se lo pregunten al protagonista de Ruiner. Tras sufrir un ataque informático, un misterioso individuo se hace con el control de sus acciones. ¿El objetivo? Nada más y nada menos que matar al "jefe". Si bien muchos de nosotros hemos soñado con esa posibilidad en repetidas ocasiones, tener que pasar sobre el cadáver de numerosos guardias aumentados para ello le quita las ganas a cualquiera. Sin embargo, nuestro personaje no tiene ningún reparo a la hora de hacerlo, ya que cuenta con una fuerza y velocidad sobrehumanas.

Una vez despachado el primer grupo de "tipos malos" una segunda hacker toma el control de su conciencia para ayudarle, comenzando así un viaje en busca de los responsables del ciberataque.

Como podemos observar desde el primer contacto, el juego cuenta con una historia y un trasfondo desarrollado. De hecho, nos brinda la posibilidad de investigar más acerca de su lore mediante la implementación de entradas de texto a modo de códice. Pero ha de quedar claro que todo ello no es más que un mero adorno para su principal punto fuerte: la acción.

En este aspecto, la ópera prima de Reikon Games no se anda con chiquitas. Poco después de pulsar el botón de start nos encontraremos luchando despiadadamente por nuestra vida. Y es que hay que dejar claro que Ruiner no es precisamente un camino de rosas.

"Diseño y música se unen para ofrecer una orquestada distopía de la ultraviolencia"

La propuesta atesora una dificultad bastante elevada, llegando incluso a ser injusta en algunas ocasiones. Para ser completamente honesto, he de reconocer que me he visto obligado a poner el juego en el modo más fácil para poder completarlo a tiempo para el análisis. De otro modo habría tenido que dedicar muchas más horas frente a la pantalla.

Las batallas que viviremos en esta aventura se desarrollan siempre a una velocidad vertiginosa, sin permitirnos ni un mísero segundo para tomar aire. Por ello en repetidas ocasiones nos encontraremos que la supervivencia depende más de la suerte que de nuestra propia habilidad. Sin embargo, el juego nos sumerge en una mecánica de prueba y error tan enfermiza como adictiva.

Una vez que fallecemos, apenas pasan un par de segundos antes de volver al ruedo, lo que genera una espiral de adrenalina que difícilmente nos dejará escapar. También es importante destacar una de las reglas básicas de su jugabilidad: quedarse quieto tiene como consecuencia directa la muerte. Esta premisa nos recuerda irremediablemente a algunos de los mejores exponentes del género, como Doom o Hotline Miami. Además, sus melodías techno encajan a la perfección con el frenetismo de la jugabilidad y nos acompañan mientras machacamos desesperadamente los botones de nuestro ratón. En este aspecto la música cumple un papel capital en la experiencia, ya que nos sumerge aún más en este viaje de distopía cibernética.

Los únicos momentos de liberación los viviremos cuando visitemos la ciudad de Rengkok entre capítulos, llegando incluso a aceptar alguna misión secundaria. Sin embargo, si bien esto se agradece, ninguna de estas misiones plantea una gran profundidad, siendo la mayoría de ellas una recogida de coleccionables. Esto se compensa con la adición de un sistema de mejora de habilidades por niveles que aporta algo de variedad y complejidad a la jugabilidad. Crear escudos cinéticos, paralizar el tiempo o hackear a los enemigos son sólo algunos de los ejemplos de lo que nuestro protagonista podrá llevar a cabo.

La estética es, sin lugar a duda, uno de los puntos más acertados de la propuesta. Sobre el papel la ambientación ciberpunk no es algo especialmente original dada la reciente popularidad de esta temática en la actualidad. Pero su uso del color, el brillo de sus neones, la decadencia de sus entornos y el ambiente retro-futurista que presenta logra impregnar a la obra de un carácter propio, al mismo tiempo que evoca imágenes de Blade Runner o de las cintas de Winding Refn. Por otro lado, los diálogos con los personajes se ilustran mediante detallados dibujos de estilo cómic lo que aporta atractivo y frescura al conjunto.

En definitiva, el primer trabajo de Reikon Games podría no parecer una novedad. Al igual que la mayoría de producciones de Devolver Digital, se siente muy cómodo al recuperar un estilo de juego pasado. También es cierto que su dificultad es algo frustrante en ocasiones. Pero la verdad es que funciona de maravilla. Ruiner es un título adictivo, alocado, exigente y, sobre todo, divertido. Los amantes de la acción más visceral están de enhorabuena, ya que encontrarán en él una perfecta excusa para aporrear los botones de sus controladores favoritos. Lo recomiendo fervientemente, aunque, quién sabe, puede que alguien me haya hackeado el cerebro.

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