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miércoles, 17 de enero de 2018

Análisis: Hostil #Nivel Oculto


Análisis: Hostil

Hostil

Hostil

Crítica

Lo siento si sueno demasiado críptico, pero disfrutar de Hostil depende en gran medida de descubrir su historia por uno mismo y sacar lecturas. En ese sentido, el juego es un pequeño gran triunfo.

El universo es ese lugar en el que vivimos, ese lugar del que tanto ignoramos que si algo hemos aprendido es que es muy probable que nos equivoquemos en todo lo que creemos saber. Nos pasamos la mayor parte de nuestra historia sintiéndonos únicos y especiales para luego descubrir que la vida no es particularmente inusual. Nos pasamos siglos creyéndonos el centro del cosmos para enterarnos de que si redujésemos el Sol hasta ser tan pequeño como un glóbulo blanco, nuestra galaxia todavía sería tan grande como los Estados Unidos. Si levantas la cabeza ahora mismo, echas un vistazo a la Luna y te imaginas ser capaz de ver un CD de música mezclado con el polvo de su superficie, estarás sin saberlo haciendo un esfuerzo proporcional al de los científicos que sacarán la foto más esperada del año. El universo es tan basto, tan inabarcable, tan incomprensible, que incluso la imaginación se queda corta. Es por ello que recurrimos a la ciencia ficción, con la esperanza de que la fantasía de otros llene los huecos dejados por la nuestra. Puede resultar irónico pero el vacío ofrece posibilidades infinitas. Es ahí donde entra Hostil, un pequeño juego desarrollado en Canarias (ya saben, tierra de astrofísicos y astrónomos) por Eteru Studio.

Hostil nos pone en la piel de un explorador enviado a un planeta virgen en misión científica. Como suele ocurrir en estos casos, las cosas se tuercen, nuestra nave se estrella y los problemas empiezan a sucederse. La misión pasa a ser de supervivencia, contando una historia simple pero efectiva, que habla de las secuelas de la colonización y la forma en que las acciones del ser humano afectan a aquellos con quienes compartimos espacio.

Como toda buena historia de ciencia ficción, Hostil trasciende el mundo en que sucede, incorporando lecturas que están de la más vigente actualidad. Tras un inicio un tanto lento, consigue crear y llevar muy bien el misterio y suspense que sustentan su avance, y hace algo muy interesante al transformar su premisa inicial, salvar al protagonista, en algo distinto pero consiguiendo no desviarse de esa temática de supervivencia.

"Su apartado artístico consigue que un puñado de escenas estáticas se quede impregnado en la retina del jugador"

Lo siento si sueno demasiado críptico, pero disfrutar de Hostil depende en gran medida de descubrir su historia por uno mismo y sacar lecturas. En ese sentido, el juego es un pequeño gran triunfo.

El desarrollo es por pantallas, deudor de las aventuras gráficas más clásicas aunque con un pequeño giro inspirado tal vez por la obra de Amanita Design: la mecánica básica es mover el cursor sobre el escenario hasta descubrir posibles interacciones. Sin embargo, la idea que Amanita utiliza para fomentar la experimentación, Hostil la usa sobre todo con fines narrativos, haciendo que el protagonista emita comentarios que nos ayuden a profundizar en la trama y el mundo del juego. También hay pequeños puzles, especialmente a partir de la segunda mitad. Aunque su presencia es testimonial, se echa quizás en falta una mayor integración de éstos con la lógica del mundo, dependiendo demasiado del encontrar la pieza adecuada o el ensayo y error. Aquí se presentan un par de problemas: el primero es que el juego requiere que descubramos cada elemento interactivo del escenario para poder avanzar. Por ejemplo, digamos que has completado todo lo que se podía hacer en una pantalla y quieres continuar: no podrás hasta que descubras que podías hacer click en el cielo para que el protagonista hiciese un comentario sobre el clima. Digamos que descubres un objeto del escenario que será necesario para resolver un puzle: no te dejará recogerlo hasta que "encuentres" el puzle. Lo que puede sonar a problema grave no lo es tanto, pues el juego nunca te hace volver atrás y los rompecabezas son bastante simples, pero sí llega a molestar en determinadas ocasiones. Por otro lado, hay dos modos de juego, uno normal, clásico del género, y otro en el que podemos morir. La muerte nos sobrevendrá muy fácilmente, quizás demasiado. Por ejemplo, digamos que decides entrar en la nave: muerte, no desconectaste los motores previamente, toca reiniciar la aventura. Este aspecto recuerda poderosamente a clásicos de los 80 y 90 como Another World, pero quizás a la parte menos inspirada de éstos. Mi forma de verlo es como un homenaje a juegos de los que Hostil bebe muy directamente, y si bien creo que hoy en día la mayoría de jugadores escogerán (escogeremos) el modo sin muerte, se trata de un añadido interesante para quienes echen de menos otra manera de hacer juegos.

Lo que al final nos queda es una pequeña aventura que merece invertir en ella el tiempo que dura, una horita muy bien llevada. Sus cuidados apartados visual y sonoro crean una atmósfera fantástica para una trama que engancha por lo bien que sabe llevar el misterio y la intriga. Su apartado artístico consigue que un puñado de escenas estáticas se quede impregnado en la retina del jugador gracias a un diseño con personalidad y una paleta de colores muy bien escogida. Hostil es una grata sorpresa, un juego aparecido de forma inesperada y que sitúa en el mapa a los debutantes Eteru Studio. Entra por los ojos y los oídos, y crea un interés por descubrir sus misterios que ayuda a dejar pasar sus fallos. Esperemos que se animen con una secuela, me he quedado con las ganas de saber qué había en el fondo de la cueva.

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